Textos curatoriales

Texto de pared 

La institución del exilio surgió en la antigua Grecia como un castigo impuesto a los ciudadanos que habían quebrantado las normas que regían la Polis y era considerada la mayor de las sanciones. En el mundo contemporáneo, el exilio -y el autoexilio- pueden llegar a ser el único camino para sobrevivir, para expresarse con mayor libertad o convertirse en un viaje personal en busca de la propia identidad. Es así como pensamos la muestra Territorio Exilio: como un espacio de evocaciones que pasan de lo personal a lo impersonal (e incluso lo colectivo) y de lo geográfico a lo mental, a través de un conjunto de piezas artísticas análogas y ambiguas, que provienen de la búsqueda de identidad y necesidad de establecer un nexo con el entorno más inmediato.

 

Folleto distribuido a los visitantes

Las búsquedas plásticas de cuatro artistas peruanos contemporáneos sirven de pretexto para evocar casos previos de prácticas creativas realizadas en diversos tipos de exilio y en diferentes épocas y partes del mundo. Para ello, la muestra colectiva funciona como vínculo entre el presente y el pasado, además de establecer una identidad plural a través de una partida que puede ser geográfica, artística, ideológica o tan solo imaginaria. El exilio mental también nos ocupa, el exilio cultural asociado a la búsqueda de la patria, de la identidad e incluso de un espacio personal, puede no suponer un desplazamiento a un territorio ajeno, puede ser un exilio interior, un sentimiento que lleva a que el entorno conocido se vuelva ajeno.

Como respuesta a este tipo de extrañamiento, el artista se vuelca hacia la paleta de colores o hacia los proyectos de instalación, que nosotros decidimos escogimos desde el arte peruano contemporáneo. Así, los trabajos de Ximena Garrido Lecca, Jose Carlos Martinat, Susana Torres y Kukuli Velarde son miradas que se forjan desde el Perú, pero no se agotan solo por su condición geográfica ni tampoco por tratarse de artistas que viven fuera del país. Lo que rescatamos en sus obras es búsqueda por recuperar, mas bien, una identidad común pero conectada con nuevos soportes, más universales.

En el caso de Garrido Lecca, con la pieza Proyecto País, cruzamos el espacio a través de un muro físico pero que mantiene en la galería dos corredores para avanzar lateralmente, fluctuando entre el pasado y el presente. Entre el mundo y el Perú. A la vez, este muro de progreso, en un espacio blanco, revela una contradicción, dada su precariedad y promesa de desarrollo. Martinat, por su parte, evoca con Brutalismo el exilio sufrido por un presidente democrático tras un golpe de Estado a fines de los años 60, pero también las connotaciones del exilio de aquellos torturados y desaparecidos en los años 90, durante la dictadura de Alberto Fujimori y el funcionamiento del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN). Partidas ideológicas y exilios forzosos en un solo ícono.

Por su parte, Susana Torres y Kukuli Velarde revaloran las manifestaciones culturales precolombinas con los procesos de transculturación durante la colonia integrándolas con la definición de una identidad personal, a través de una revaloración individual y nacional. Por ejemplo, el Huaco Autorretrato de Torres, inspirado en la Cultura Moche, reivindica la presencia de la mujer en un ámbito solo de hombres, dignatarios y personas importantes, que en ese entonces eran los únicos representados. Así, mediante una reflexión artística basada en la identidad y el género, al retratarse a sí misma, Torres le da un lugar preponderante a la mujer peruana, apartada y exiliada de su propia sociedad e historia. A su vez, Kukuli Velarde -quién decidió exiliarse en los Estados Unidos en los años 80, nos presenta Care Huaco.Ta Cariñosa, Fishy fishy de la serie de Huacos retratos que realizó tras la celebración de los 400 años de conquista española en América, con el fin de cuestionar los motivos que nos llevaban a celebrar un momento que significó un cisma en la identidad peruana.

¿Cómo establecemos un puente entre este grupo de contemporáneos peruanos y una idea global del exilio en artistas de distintos lugares y distintas épocas? ¿Es el exilio, de cualquier tipo, un detonante creativo que no conoce fronteras ni espaciales ni temporales? Tras la investigación, las obras aquí presentadas funcionan como comentarios artísticos, que aportan diversos matices al complejo panorama del exilio histórico, atribuibles también a la piezas contemporáneas y a su respectivo proceso de producción: las crisis sociales y políticas, la guerra, el exilio mental, el descentramiento mercantil o los intereses “artísticos”.

Nicolas Poussin, quien pasó la mayor parte de su vida pintando en Roma en un exilio nada incómodo, pintó La masacre de los inocentes en 1634 y conectó el episodio de exilio bíblico de Jesús con su propia experiencia personal. Distinto es el caso de Francisco de Goya, del que escogimos dos pinturas referidas a la temática costumbrista: El Quitasol (1777) y La lechera de Burdeos (1827). Entre la primera y la segunda, transcurren eventos que afectarían dramáticamente su vida y su visión del mundo, que interpretamos como otras formas de exilio: la sordera, la invasión napoleónica de España y, finalmente, el régimen absolutista de Fernando VII. Su obra fue adquiriendo una visión cada vez más introspectiva, hasta lograra generar nuevas técnicas pictóricas una de las cuales sería acusada como la matriz del expresionismo.

Para Artemisia Gentileschi, todo viaje fue inspiración y aprendizaje continuo para su genio creativo, incluso aquellos que tuvo que hacer forzada por las circunstancias. En la pieza Judith y Holofernes vemos que el exilio le sirve de estímulo, sobretodo para una artista mujer a inicios del Barroco, tratando de encontrar su lugar en un mundo artístico y académico liderado por hombres. El recorrido continúa con el óleo Ruptura, de Remedios Varo, quien plasma una partida, un tránsito, un momento de cambio representados con rigurosa planificación de elementos surreales. Ello es propio de una artista que estuvo en constante búsqueda del equilibrio: huyó de la guerra civil española y encontró en México la tranquilidad necesaria para alcanzar la madurez en su trabajo artístico.

Por su parte, El retrato de Adelaida de Francia hecho por Elizabeth Louise Vigeé Le Brun es un documento del exilio burgués: la artista retrata a la hija del Rey Luis XV, con quien además compartió la calidad de exiliada en Roma en 1791, a causa de la Revolución Francesa. Autora y cliente en la misma relación mercantil, ahora descentrada; el retrato es entonces producto de las relaciones de poder que se mantendrán activas a pesar de los desarraigos.

Para el alemán George Grosz su exilio en los Estados Unidos a causa de la toma de poder de Adolf Hitler en 1933, provocó en él un fuerte rechazo de su trabajo anterior. Su visión corrosiva de la ciudad y de la clase burguesa mostrada en Eclipse de sol (1926) es sustituida por un sentimentalismo romántico como el de Yo y el Espejo del Bar (1937). Se considera además, que esta época de su vida en el exilio, fue un debilitamiento en su estilo evidente desde finales de la década de 1920 y un rechazo al éxito de la crítica en sus años en Berlín.

En conclusión, la muestra plantea un diálogo entre lo global y lo local, que enfatiza el poder creativo de la ruptura que sufre el artista con el mundo que se tiene como referente al optar o verse forzado a desplazarse a otro lugar – real o imaginario. Las obras en ese contexto son el testimonio de la experiencia del desplazamiento como reflexión vital antes que como destino fatídico pero, a la vez, son el testimonio del proceso crítico por el que pasa el artista al ver sus orígenes a la distancia. En un mundo cada vez más pequeño en donde la movilidad cada vez es mayor y más accesible, en donde es posible estar en varios puntos del globo a la misma vez gracias a los medios de comunicación en línea (y de los cuales es posible “exiliarse“) y en donde vemos potentes dinámicas del arte fuera de los centros hegemónicos, el exilio relacionado a la producción artística adquiere entonces un matiz diferente en los tiempos actuales, cada vez más susceptible a diversas lecturas y apropiaciones, volviéndose ahora más un recurso que una condición.

 

Relación de objetos (orden cronológico):

Pinturas

Artemisia Gentileschi, Judith y Holofernes (1620)

Nicolas Poussin, Masacre de los Inocentes (1628)

Francisco de Goya, El quitasol (1777)

Marie-Louise-Elizabeth Vigée-Le Brun, El retrato de Adelaide de Francia (1791)

Francisco de Goya, Lechera de Burdeos (1827)

George Grosz, Eclipse de sol (1926)

George Grosz, Yo y el espejo del bar (1937)

Remedios Varo, Ruptura (1955)

Huacos-Esculturas

Susana Torres, Huaco Autorretrato (2006)

Kukuli Verlarde, Care Huaco.Ta Cariñosa, Fishy fishy. Do not trust, te va a dar de macanazos Nazca phase (2006-2010).

Esculturas

José Carlos Martinat, Brutalismo (2007)

Ximena Garrido-Lecca, Proyecto país (2011)

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