Revista especializada limeña

Reseña crítica de la muestra Territorio Exilio para una revista especializada limeña (indeterminada)

Dos caminos, un mundo.
Por Alejandro Jaime Carbonel. 24 de Junio de 2014.

 

El 24 de junio de 2014 se inauguró la exposición titulada “Territorio Exilio” en la galería Sala Winternitz de la facultad de Arte de la PUCP. La exposición es una propuesta curatorial que integra distintas disciplinas plásticas – en su mayoría pintura – pretendiendo abarcar el amplio panorama histórico de la idea de Exilio como experiencia creativa, partiendo desde obras contemporáneas locales realizadas bajo dicha experiencia, para proyectar desde ellas un conjunto histórico que termina de abrir la reflexión en torno al tema central del Exilio como detonante creativo y su consiguiente búsqueda de identidad y pertenencia.

Las obras de las que parte la curadoría para escarbar el pasado artístico en términos de exilio global, son piezas multidisciplinarias producidas dentro de los últimos diez años por artistas eminentemente limeños que realizan esporádicas visitas de regreso (Martinat, Velarde) así como por artistas que ya asentados en Lima, evocan su respectivo desarraigo y su memoria como cantera creativa (Torres, Garrido Lecca).

Lo primero que se nos viene a la mente en torno a esta selección de obras y artistas contemporáneos es la tensión que se genera entre las magnitudes emotivas del exilio que produjeron cada una de las piezas para cada conjunto. Es claro que la diferencia es marcada, para ninguno de los contemporáneos, las causas de migración fueron crisis duras de las que podía depender directamente su futuro o en todo caso su vida inmediata [1]; causa curiosidad entonces que el cuerpo de la obra no contenga referencias directas al cercano periodo de crisis de la década de los ochentas y noventas, periodo que generó exilios masivos de urgencia y de los cuales surgieron estéticas particulares como por ejemplo la tipografía chicha [2]. En el caso de Goya, Remedios Varo, Vigée Le Brun o Grosz, sus obras resultan más relevantes como documentos del exilio, pues obedecieron a conyunturas históricas que modificaron las estructuras globales. Así, los artistas locales elegidos nos traen a la mente una idea más potente de migración que de exilio y en ella, tal como dice el texto curatorial, de una necesidad de “recuperación de una identidad común” a través de la producción artística que juega con las estéticas y posibilidades visuales de su periferia particular para incorporarlas a un discurso de centro al cual se han alineado [3].

Se percibe entonces una diferencia entre los dos cuerpos de la muestra en donde identificamos primero, la búsqueda de la “contemporaneidad” en el arte por parte de los artistas locales moviéndose en dirección a centro hegemónicos y por otra en las obras históricas, la vivencia misma de dicha contemporaneidad (para su respectiva época) que se disloca si, no mucho de su centro a causa de la urgencia, pero que nunca resultará un periferia.

La primera mirada del conjunto al hacer el ingreso a la sala, resulta interesante. Es un punto a favor de la propuesta generar una especie de sorpresa y curiosidad al toparse uno con un grupo de pinturas de corte clásico y naturalista compartiendo y dialogando en el espacio con una instalación de adobe y, más allá con un sólido geométrico monumental que se asoma sin mostrarse en su totalidad. Estas dislocaciones y perplejidades del espectador nos parecen saludables, pues generan lecturas abiertas y asociaciones libres que muchas veces trascienden la articulación curatorial. Conforme uno circula por el espacio puede estar asociando lo histórico con lo local permanentemente dada la presencia latente de las obras instalativas marcadas o por su monumentalidad o por la disposición museográfica que se deslinda del “colgado tradicional” de los cuadros sobre tela.

Pero pensamos que la intención curatorial no es clara. Según el texto: “En el mundo contemporáneo, el exilio -y el autoexilio- pueden llegar a ser el único camino para sobrevivir, para expresarse con mayor libertad o convertirse en un viaje personal en busca de la propia identidad”. Sin embargo, y como una especie de conclusión, el texto finaliza con “… el exilio relacionado a la producción artística adquiere entonces un matiz diferente en los tiempos actuales, cada vez más susceptible a diversas lecturas y apropiaciones, volviéndose ahora más un recurso que una condición.” En el inicio es una cuestión de vida o muerte, de salud o enfermedad y al final pasa de ser una condición a ser un recurso artístico. Pensamos que ésta contradicción contiene la problemática no resuelta de la tensión entre ambos conjuntos que describimos anteriormente, las dinámicas del exilio hoy en día son distintas si se las relaciona con intenciones artísticas, en donde la búsqueda de la identidad no resulta una manera de sobrevivir física ni mentalmente, sino específicamente una estrategia (válida, porque no) para desarrollar un programa artístico de inserción al panorama global. Claro, esto también podría ser para algunos artistas y curadores, cuestión de vida o muerte.

 

[1] En el Perú, tenemos una clara y reciente tradición del exilio, del éxodo y de la migración, producidas en cada una de sus etapas por diversos factores: La reforma agraria, el terrorismo y la crisis económica. Estos movimientos e intercambios masivos generan un profundo impacto en las ciudades y en sus dinámicas de producción así como en la modificación de su organización, apariencia y formas de vida.

[2] La estética de los afiches chicha se produciría desde los aportes creativos a los anuncios de Westerns estadounidenses en los cines de las ciudades de la sierra central del Perú, como por ejemplo Huancayo. El éxodo por la crisis del terrorismo traería a la ciudad en forma de exilio, a sus autores y al crisol de oportunidades creativas que representarían sus respectivos intercambios.

[3] Remesas / Flujos simbólicos / Movilidades de capital. 13 artistas peruanos en el exterior fue una exposición que trataba el tema de artistas peruanos en el exterior. La producción artística en relación con su arraigo y la búsqueda de una posición de identidad acerca de lo “peruano” en términos artísticos. La exposición se realizó en Fundación Telefónica de Lima en julio de 2012.

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