José Carlos Martinat (2007)

Análisis iconológico por Mayra Castillo

Martinat

Jose Carlos Martinat, Ambiente de estéreo Realidad 3 – Brutalismo, 2007. Bloque de madera, tres cables de serie y tres impresoras de alta velocidad con rollos de papel térmico de 8 cm de ancho y 8 o 15 cm de diámetro. CPU Dell Pentium IV. Dimensiones: 185,5 x 203,8 x 203,8 cm. 185,5 x 203,5 x 203,5 cm.

 

De tamaño monumental e imponente, lo que llama más la atención de Brutalismo es su solidez y su simetría hecha en madera. Compuesta de líneas rectas verticales desde parten desde el suelo y que culminan en volúmenes rectangulares en el zona superior, esta pieza escultórica opera a través de tres cables de serie, los cuales se conectan con tres impresoras provistas de rollos de papel térmico, que imprimen información recogida al azar en Internet. Estos tres equipos se encuentran repartidos en la zona superior de la escultura, desde donde imprimen y lanzan (¿escupen?) sus breves textos hacia el espectador. Este software especial, que se activa en el CPU, encuentra aquellos datos a partir de la búsqueda de la palabra “brutalismo“, los cuales están relacionados, en primer lugar, con la corriente arquitectónica del brutalismo en Europa de los años 50, así como su influencia en diversos países de América Latina durante los 60 y 70.

Martinat2En segundo lugar, en los papeles aparece información con las piezas arquitectónicas brutalistas del Perú, entre las que destaca el Cuartel General del Ejército (ubicado en el distrito de San Borja, en Lima) o también conocido como “El Pentagonito”. Esta edificación es, precisamente, la pieza que recrea la réplica de Martinat en Brutalismo, solo que en vez de concreto usa madera para la galería (incluso, aunque deja el espacio de las ventanas, éstas también son de madera). Por último, se imprimen textos vinculados a las dictaduras, ya que este estilo arquitectónico original europeo, parece combinar con la ideología del funcionalismo y la racionalidad de los autoritarismos. De esta manera, a través de tres líneas argumentales y temporales, pasa veladamente un último sentido que proviene de una palabra que se parece mucho a brutalismo: brutalidad, en donde parecen fundirse la historia, la estética y la carga psicológica de la ideología autoritaria.

Martinat realizó esta obra como parte de la serie Ambiente de Estereo Realidad 3, piezas todas relacionadas con el brutalismo. Un punto importante a destacar es que, como lo señala el número tres de la serie a la que pertenece, existen dos secuencias previas que comenzaron en el 2004. Ese año presentó Ambiente de Estereo Realidad 1, en la World Wide Video Festival de Amsterdam (Holanda) donde ya hacía referencia a íconos peruanos en clave de ironía y también al manejo de la información. En la segunda muestra, Ambiente de Estereo Realidad 2, Martinat añade a ello los conceptos de memoria y de ciberespacio, señalando que la web nos llena de información pero, en el fondo, almacenamos muy poca data valiosa. En el 2002, el artista realizó una intervención en un antiguo edificio del Centro de Lima, desde donde 20 módulos de impresión soltaron 40 mil mensajes breves durante 92 horas, dejándolos volar y caer en la calle desde el techo, para estimular activamente la memoria de los transeúntes.

Esta doble antesala para Ambiente de Estereo Realidad 3 es vital para comprender los avances que este artista contemporáneo ha pensado para su propia obra, así como sus propias fijaciones. En el 2007, Martinat fue invitado a exponer en la Galería Leme de Sao Paulo (Brasil), en un edificio principal que había sido diseñado por el arquitecto brasileño La Rocha, representante importante de la arquitectura brutalista paulista. “Cuando me enviaron información sobre la galería, me llamó mucho la atención su estilo arquitectónico, de tipo brutalista. Al querer buscar nexos con el espacio, investigué sobre el brutalismo y llegué a la arquitectura brutalista peruana. Allí aparece El Pentagonito, realizado en el época de Velasco (…) la palabra brutalismo se fundía en varios significados: tanto por el estilo arquitectónico como por la historia de este espacio durante el gobierno de Fujimori, desde donde se planearon y ejecutaron planes brutales”, nos explica el artista, luego de siete años de haber ejecutado esta obra.

Según explica Felipe Ferrer en su texto El brutalismo, expresión arquitectónica de una época de la historia del país, el término brutalismo proviene del francés beton brut, que significa “hormigón crudo”. Fue utilizado en especial por el afamado arquitecto suizo Le Corbusier como material en gran parte de sus obras. Una de las más famosas es Unité d’Habitation, levantado en Berlín (en la imagen de esta página) que se inspiraba en el proyecto de vivienda colectiva soviética del Edificio Narkomfin, de 1932. “Uno de los conceptos del Brutalismo es expresar los materiales en bruto. Es así como esta tendencia arquitectónica tiene como principal característica su expresionismo, racionalidad y el uso del hormigón. En el Perú, este Brutalismo Expresionista resultaba útil al régimen militar concentrado más en la retórica de la arquitectura institucional administrativa“[1]. No obstante, el rasgo principal antes que el material es la angulosidad de su diseño, ya que también hay edificios brutalistas hechos de ladrillos, cristal, acero y piedra áspera.

Brutalismo

De todos los edificios brutalistas construidos durante el régimen dictatorial del General Velasco en el Perú –de 1968 al 1975– quizá el Pentagonito sea el más imponente de todos, pues pertenece a una institución militar y es el único que posee una historia clandestina de espionaje, secuestros, torturas y asesinatos, la mayoría de ellos realizados años después, durante otro régimen dictatorial: el de Alberto Fujimori –de 1995 al 2000. Además, El Pentagonito alude a otro espacio ANTERIOR y MAYOR como es la sede del Pentágono en Estados Unidos, lugar de similar carácter castrense aunque de diseño completamente diferente: cinco edificios que, vistos desde arriba, forman un pentágono.

Pentagonito

Dicho esto, El Pentagonito de Lima comparte con el Banco Central de Reserva, el edificio Petroperú, el Centro Cívico y el Museo de la Nación un rasgo muy particular: son edificios que tuvieron una gran influencia dentro de la arquitectura institucional nacional al ganarse su espacio a través de los llamados a concurso, por parte del Gobierno de Velasco. “El Cuartel General del Ejército, diseñado por los arquitectos Juan Gunther y Martín Tanaka, tiene como protagonistas pronunciados voladizos que exaltan el performance del material, pero sobre todo, apelan a la función alusiva de la arquitectura, por su jerarquía y autoridad“ agrega Ferrer, haciendo un recuento del especial carácter simbólico que cobraron estas edificaciones en un contexto en que los militares peruanos buscaban legitimar su incursión tras un golpe de Estado (derrocamiento en 1968 del presidente Fernando Belaúnde Terry, para más señas, era arquitecto también).

Esta primera gran referencia al carácter dictatorial de quienes idearon y pensaron en la imagen que proyectaría El Pentagonito está, de alguna manera, relacionado con el exilio del propio Belaúnde Terry a la Argentina. El poderío y la megalomanía, así la concentración de poder en una sola persona –militar y no civil– calzaban perfectamente con las características formales del edificio: “En él, los elementos estructurales, el material en bruto y algunos servicios propios del edificio quedan expuestos y son fuertemente resaltados en las fachadas, incluyendo la proyección exterior de recintos destinados a ciertas funciones importantes del edificio“[2], apunta Ferrer.

Décadas después, cuando ya regía en el Perú un gobierno elegido democráticamente –como en un inicio lo fue el de Fujimori– este bloque de concreto se hizo famoso ya no por su carácter altivo sino por las torturas, asesinatos y desapariciones clandestinas llevadas a cabo por el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), dedicado a atrapar a sospechosos de terrorismo. Pocas investigaciones han sido tan profusas y veraces como las que realizó el periodista peruano Ricardo Uceda en el libro “Muerte en el Pentagonito“ (2004) donde reúne la historia de tres crímenes de este tipo y cómo fueron incluidos en el expediente de extradición del presidente Fujimori, prófugo de la justicia peruana en esos años: “Básicamente, el modus operandi fue el mismo: la detención a las personas en lugares cercanos a su casa por parte de agentes del Servicio de Inteligencia del Ejército; luego su traslado y reclusión en los sótanos del Cuartel General del Ejército (Pentagonito) y su posterior ejecución e incineración en el horno que existía para tal fin en dicha dependencia militar“.

Martinat3

Este es uno de los datos reales que vierten las impresoras puestas sobre la obra Brutalismo. El contexto dictatorial contemporáneo, del que José Carlos Martinat forma parte como peruano y como adulto joven en la década de los 90 y 2000, permite entender también el exilio como el desarraigo de aquellas víctimas a las que alude el artista con sus palabras. Si bien traerlos a la memoria y recordar su desaparición no los regresa del exilio de la muerte, es una manera de exorcizar la desaparición, palabra clave para las dictaduras latinoamericanas como Argentina o Chile. Aquí surge esa interesante conexión entre el exilio político y geográfico del presidente Fernando Belaúnde y la monumentalidad del Pentagonito recién construido de Velasco; con aquel otro exilio carcelario y de la muerte (dentro del propio Perú) durante la dictadura de Fujimori.

De esta manera, el primer exilio estaría más vinculado con la imposición de una imagen exterior del edificio aludido, mientras que el segundo exilio está más atado a lo que ocurre secretamente dentro del bloque de hormigón. Este último exilio es bastante más sugerente, ya que al utilizar las impresiones y el software de búsqueda al azar en Internet, lo que se encuentra es mucho más de lo que se espera saber de El Pentagonito real que habita entre nosotros.Martinat5

¿Qué guarda la memoria y qué olvida, entonces? ¿Por qué lo hace así? Son dos preguntas recurrentes en Brutalismo, ancladas en el edificio –lo exterior– y en la información que de allí nos van soltando, de a poquitos, desde el interior. Una respuesta posible a las interrogantes es que se recuerda lo que el poder hegemónico quiere que recordemos. En el caso de Velasco, el Pentagonito es un memorial de las revolucionarias reformas –como la Reforma Agraria– que llevó a cabo el Gobierno Militar de los años 70. En el caso de Fujimori, se opera al revés, ya que el edificio remite a poderes a los que jamás podremos acceder pero que operan en la sombra con impunidad y violencia.

Martinat4

Martinat, por su parte, nos explicó que en el caso de Brutalismo –al igual que con la mayoría de sus proyectos artísticos– pensó primero en el espacio en el que iba a desarrollarlo, tal como mencionamos antes, en una galería de arte de Sao Paulo. Pero lo anecdótico es que muchas de sus obras no han sido expuestas en el Perú, a pesar de haberlas trabajado aquí. “Realicé esa pieza unos tres años antes de partir al DF, aunque no está relacionada con mi partida a México. Lo curioso es que esta pieza nunca ha sido mostrada en Lima, es decir, se ha exhibido en otros países pero jamás en Perú. Un buen porcentaje de los proyectos que realizo parten del contexto, factores o elementos que encuentro en el lugar donde voy a desarrollar un proyecto“, agrega.

Si bien volver a Lima con Brutalismo bajo el brazo no es para Martinat una forma de des-exilio (o retorno del hijo pródigo) sí puede convertirse en una oportunidad para conmover e informar a una enorme población sobre lo que ocurrió en dos etapas claves de nuestro devenir político. Con ello, Brutalismo asocia parte de la historia reciente del Perú con información relevante de la arquitectura internacional, cuya fuerza ideológica es enorme y altamente representativa del mensaje que debía transmitir: orden e igualdad.

Al crear estas tensiones entre el pasado, el arte contemporáneo de corte político y la estética como vehículo para la ideología, Martinat está montando mucho más que una mole de madera. Él está conjugando (y conjurando, porqué no) dicotomías que como espectadores locales (y no brasileños, pese a que allí en Brasil encontró la inspiración) deberíamos recordar: lo colosal con lo sanguinario, el poder con lo imponente, la inteligencia (del SIN) con la brutalidad… Creemos que en Lima, más que en otras partes del mundo, estas correspondencias (re)cobrarán significados más completos.

Me gustaría cerrar este documento destacando que, si bien Martinat no siente que esta obra revele ninguna especie de afinidad personal con el tema del Exilio, las lecturas que surgen a partir del análisis iconográfico e iconológico nos permiten vincularlo a dos momentos históricos del Perú que parecen aún vigentes en la actualidad. Por ejemplo, la Reforma Agraria sigue siendo vista como el gran error del Gobierno Militar de Velasco, antes que como una solución digna para revertir la enorme desigualdad social en las zonas rurales del país, donde el latifundismo permitió condiciones de vida poco menos que esclavistas con los campesinos. En medio de un contexto en que el territorio del Perú es codiciado por empresas extractivas –minería e hidrocarburos– la discusión sobre la Consulta Previa nos recuerda que existe una población a la que no se le toma en cuenta cada vez que usamos la palabra desarrollo.

De igual modo, tras la inauguración de una parte del Lugar de la Memoria y de la Inclusión Social –espacio que hace un recuento “objetivo” de la violencia política entre las décadas de los 80 y 90– se siguen alzando voces que descalifican este esfuerzo de reconciliación, tildándolo de reivindicación con los grupos terroristas MRTA y Sendero Luminoso. Felizmente, con Brutalismo podemos recordar que el Ejército Peruano también fue parte de esta espiral de violencia, pero bajo métodos sistemáticos en el aparato estatal, que le permitieron total impunidad al atropellar los derechos humanos. De allí la actualidad y la pertinencia de esta obra, en un contexto donde lo social y lo político logran evocarse con claridad y solvencia.

 

[1] Ferrer, Felipe. El brutalismo, expresión arquitectónica de una época de la historia del país. Revista MONEDA, No. 148 (Año 2011, Lima) p. 47-51.

[2] Op. cit. Pg. 49

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