Elisabeth-Louise Vigée Le Brun (1791)

Análisis iconológico por Alejandro Jaime Carbonel

Vigée Le Brun

Elizabeth Louise Vigée Le Brun, Retrato de Adelaida de Francia, óleo sobre lienzo, 71 x 61 cm, realizado en la ciudad italiana de Roma en el año 1791. La pintura se encuentra actualmente en el Phoenix Art Museum de EE.UU.

La obra presentada consiste en un retrato de formato elíptico vertical en el identificamos dos planos: el primer plano desde el espectador en el que se encuentra el elemento principal, un retrato femenino en el área central marcando el eje axial de la imagen. El segundo plano funciona como un espacio posterior plano, generando una tímida sensación de profundidad, de colores ocres y temperatura más bien cálida.

La composición resulta simétrica ya que el elemento principal es centrado y estructurado por el eje axial de la imagen, siendo la zona de mayor pregnancia en la zona central superior. Todo el primer plano en síntesis podría estructurar un triángulo escaleno.

El elemento principal está producido de manera naturalista, de corte mimético, definido de una manera más lineal que pictórica en términos generales, por los detalles minuciosos de las texturas de las telas y el cabello así como la anatomía del personaje, realizado también con detalle y minuciosidad.

En toda el área del único elemento principal podemos distinguir tres áreas de contraste que generan pregnancia: desde abajo, la zona entre el vestido oscuro y el cuello ornamentado de tonos claros. La segunda zona es el rostro de la retratada pues genera un contraste marcado en relación al cabello más oscuro que la rodea, éste es el punto focal de la imagen, reforzado por su centralidad, la descripción detallada de la anatomía y el contraste con los elementos que la rodean. La última zona de pregnancia es la superior en donde se relacionan en contraste y texturas el cabello y el sombrero.

Hay una diferencia entre el gesto pictórico de la anatomía con el gesto de la indumentaria. Los ropajes están pintados con una mayor soltura, seguramente para generar mayores texturas y sensación de caída en las telas, pero el uso del color y de la pincelada resulta mucho más suelta que el estudio anatómico. En el rostro hay un trabajo lineal más depurado y prima el gesto lineal relacionado más hacia el dibujo que a la mancha.

La iluminación de la imagen es frontal describiendo un claroscuro con una lógica de luz de izquierda a derecha a causa de la rotación del modelo en tres cuartos.

La perspectiva de la imagen es más bien plana pues la atmósfera cálida del plano posterior cierra la profundidad y produce una sensación de espacio reducido. El retrato produce sentimientos tranquilos y nada vigorosos, pues la mirada que ofrece la retratada es una mirada entre perdida y cansada, dirigida directamente al espectador, como esperando algo de él.

La obra analizada se titula Retrato de Adelaida de Francia realizado por la artista francesa Elizabeth Louise Vigée Le Brun. sus medidas son 71 cm. X 61 cm. La técnica es de óleo sobre lienzo, realizado en la ciudad italiana de Roma en el año 1791. La pintura se encuentra actualmente en el Phoenix Art Museum de EE.UU.

Elisabeth-Louise Vigée Le Brun fue una reconocida pintora nacida en París en 1755. Fallece en la misma ciudad en 1842. Casada con un influyente marchante de arte y hombre con excelentes relaciones sociales tendrá cercanía con la nobleza parisina, a la cual retratará a lo largo de su prolífica carrera artística. Es reconocida como una de las más exitosas pintoras del siglo XVIII, protegida y promocionada por la corte, retratará María Antonieta[1] entre otros, permanentemente durante diez años.

Al estallar la Revolución Francesa, Vigée Le Brun recorre Europa en una suerte de exilio nómada, pintando para la nobleza y la intelectualidad de Polonia, Rusia, Austria, Alemania o Italia, gracias a sus excelentes relaciones e influencia. En 1809, después de breves estancias en Inglaterra y en Suiza, Vigée Le Brun vuelve a Francia al cabo de 12 años y sigue pintando bajo el dominio Napoleónico y los gobiernos que sucedieron a su Imperio. Jacques-Louis David e Ingres admiraron su arte y le estuvieron reconocidos.

Durante sus años de exilio pintaría el Retrato de Adelaida de Francia, con la cual comparte el desarraigo en Roma durante el año 1791.

En la obra se evidencia una influencia de la pintura flamenca a raíz de sus viajes, y sobre todo de Rubens a quien admiró de sobremanera. Podemos observar la pincelada que se nota más suelta en comparación con sus obras tempranas de corte más académico y con un gesto de la pincelada aún tímido. Vigée Le Brun representa a una Adelaida de Francia entrada en años con una mirada y actitud poco expresiva, de soledad, pero conservando su elegancia. El rostro despliega una mirada que confronta al espectador y a la vez mira a través de él, como hacia el infinito.

El vestido de Adelaida de Francia es un vestido de noble, sobrio pero de telas y texturas exquisitas, esto nos lleva a pensar en una especie de exilio acomodado, dadas las relaciones de la nobleza parisina en los demás centros europeos. Es decir que el exilio en el caso del personaje retratado fue una crisis más emotiva que física, esto podemos intuir en la inexpresión de su rostro. Vigée Le Brun también viviría un exilio sin carencias y mantendría gran actividad artística gracias a la nobleza del resto de Europa a pesar de los eventos revolucionarios de su país natal.

La obra presentada funciona sobretodo como un documento del exilio burgués: La artista retrata a Adelaida de Francia, hija del Rey Luis XV, ambas exiliadas en Roma en 1791 a causa de la revolución francesa. La pintura es un producto de autora y cliente en la misma relación mercantil previa a la revolución, sólo que ahora descentrada, en el exilio. El retrato es entonces producto de las relaciones de poder que se mantendrán activas a pesar de los desarraigos, ya que su prolífica carrera artística y las relaciones públicas de su esposo le permitió rotar por centros europeos pintando retratos a pedido, actividad que le permitía vivir con holgura.

La obra podría funcionar como una pequeña ventana a lo que fue un exilio de la nobleza, en donde las relaciones de poder en lo que significa una geografía europea bondadosa, la cual se puede transitar sin mayores problemas, no se quiebran; más bien se descentran.

Así, se mantiene una interesante dinámica de intereses e influencia que hace posible una importante producción artística a pesar de su desarraigo. La artista, exiliada en Roma y en otras ciudades más, continúa de alguna manera con la función de registro a través de la pintura de retrato, pero en esta pintura en particular existe un doble juego: La actividad en sí está trasladada de su lugar de origen, por ende de su función inmediata, que es registrar a los que ejercen poder en su lugar específico ya que el retrato funciona como un hito visual de presencia, identidad y pertenencia sobre un espacio determinado, en referencia al conjunto de registros que adornan los palacios desde los cuales se gobierna.

A pesar del carácter de documento de la pintura, no podemos dejar de lado la sensación que proyecta el retrato como expresión de la retratada. El doble juego es entonces, el descentramiento del retratante y del retratado al mismo tiempo, situación que creemos, se evidencia en la imagen a través de la mirada “límbica” de Adelaida de Francia, una mirada que proyecta un vacío, una no localización.

Esta actitud pasiva y estática, posiblemente refleja el estadío de estar flotando en un limbo y a la vez, refleja también todo el marco emotivo que implica encontrarse en una situación de exilio, de descentramiento y aún en la comodidad, la carencia del sentimiento de pertenencia.

[1] María Antonia Josefa Juana de Habsburgo-Lorena (en alemán: Maria Antonia Josepha Johanna von Habsburg-Lothringen) nace en Viena en 1755 y fallece en París en octubre de 1793 bajo la guillotina de la revolución francesa. Más conocida bajo el nombre de María Antonieta de Austria, fue una archiduquesa de Austria y reina consorte de Francia y de Navarra. Décimo quinta y penúltima hija de Francisco I del Sacro Imperio Romano Germánico y de la emperatriz María Teresa I de Austria, se casó en 1770, a los catorce años con el entonces delfín y futuro Luis XVI de Francia, en un intento por estrechar los lazos entre dos enemigos históricos.

Bibliografía

Gombrich, Ernst. Arte e ilusión: estudio sobre la psicología de la representación pictórica. Madrid: Debate, 2002 [1960].

Iguiñiz, Natalia. Retrato y poder. Tesis (Lic.). Lima: PUCP. Facultad de Arte, 2001.

Schneider, Norbert. El arte del retrato: las principales obras del retrato europeo, 1420-1670. Koln: Taschen, 2002.

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