Artemisia Gentileschi (1620)

Análisis iconológico por Andrea Vargas Barreto

Gentileschi

Artemisia Gentileschi, Giuditta che Decapita Oloferne (Judith decapita a Holofernes), 1620, óleo sobre lienzo, 199 x 162,5 cm, Galería de los Uffizi, Florencia.

La historia de Judith decapitando a Holofernes probablemente sea uno de los episodios del Antiguo Testamento que se ha representado con mayor frecuencia en la historia del arte, y la versión de Artemisia Gentileschi no se deja opacar por otras conocidas versiones.

La fuerza en las expresiones de los personajes son incomparables, y la influencia de Caravaggio es mucho más que obvia gracias a la funebridad que la caracteriza. El dramatismo de la escena es clara señal que Artemisia fue fuertemente influenciada por el tenebrismo. Podemos observar como la luz que ilumina la escena de izquierda a derecha ayuda a crear el claroscuro clásico de la época.

Pero, antes de continuar analizando a fondo la obra, me parece importante mencionar la historia de esta artista hasta el momento en que realiza este cuadro, y por qué es tan relevante en la historia del arte.

 

Artemisia Gentileschi nace en Roma, en el año 1593, cuando ocurría la transición del Renacimiento al Barroco. Fue hija de Orazio Gentileschi, uno de los grandes pintores de la escuela romana de Caravaggio, y por el cual fue introducida al mundo del arte desde muy pequeña. En el taller de su padre aprende a dibujar y empieza a forjar su estilo en la pintura. Al mostrar mucho más talento que sus hermanos, Orazio se empeña en la formación artística de su hija mayor y se encarga que aprenda de grandes maestros.

Del estilo de su padre, que en aquellos tiempos se inspiraba explícitamente en Caravaggio, Artemisia se interesa en ese tenebrismo característico del maestro barroco, lo cual podemos observar de forma constante a lo largo de su carrera artística. Lo que la hizo distinto a Orazio fue su acercamiento a los sujetos que retrataba. Su padre tendía a ser más idealista, mientras que Artemisia era más naturalista, realista, para luego tornarse algo más violenta.

Orazio fue de gran estímulo para su hija, ya que durante el siglo XVII las mujeres no eran consideradas lo suficientemente inteligentes para pertenecer a este mundo artístico, pero él perseveró en su educación.

Para continuar con su aprendizaje, su padre contrata a Agostino Tassi, un pintor con el que él trabajaba directamente, para darle clases privadas a su hija. Durante esta tutela, se sabe que Tassi violó a Artemisia y luego ella accedió a tener una relación con él, con la esperanza de restaurar su dignidad y futuro, ya que este le prometió matrimonio. Meses después, Orazio se entera de la violación y de la falsa promesa de Tassi y presenta cargos contra él. Tras un largo juicio, que incluyó dolorosos y denigrantes métodos de investigación hacia Artemisia. Tassi es condenado a un año de prisión, condena que nunca sirvió.

Este largo periodo de maltrato psicológico lleva al padre de Artemisia a tomar medidas reparadoras. Arregla un matrimonio entre ella y Pierantonino Stiattesi, otro pintor italiano, y al poco tiempo los dos se trasladan a Florencia.

A pesar de haber sido violada, engañada y denigrada por Tassi, nunca pierde el honor y, desde su instalación en Florencia, empieza a disfrutar de un gran éxito.

Artemisia se convierte en una exitosa pintora de corte. Mantuvo buenas relaciones con los artistas más respetados de su tiempo y fue capaz de conquistar los favores y la protección de personajes influyentes.

Fue la primera mujer en ingresar a la Accademia del Disegno (Academia del Dibujo) de Florencia.

 

Y es en esta época en la cual Gentileschi pinta el cuadro a analizar: Judith decapita a Holofernes.

Judith es una figura emblemática para el pueblo de Israel, que la valora como leyenda y modelo político y social. La historia cuenta que el ejército asirio asediaba la ciudad de Betulia, cuyos pobladores estaban a punto de rendirse ante el enemigo. Es ahí donde aparece la figura de Judith, que reprocha a su pueblo por haber perdido la fe en Dios y decide actuar como salvadora. Ella, una viuda rica y hermosa, finge que había abandonado su pueblo y va al campamento asirio, donde seduce a Holofernes, al cual termina decapitando tras haberlo emborrachado. La cabeza es guardada por su criada en un costal, con el cual huyen del campamento.

El ejército enemigo, al verse sin general, desiste. Al mismo tiempo, en la ciudad de Betulia, celebran el éxito gracias a la valentía y decisión de Judith.

Como mencioné anteriormente, este es uno de los episodios bíblicos más representados en la historia del arte, probablemente por su carácter macabro que siempre fue motivo de inspiración en estilos como el Barroco.

En el caso de la obra de Artemisia, se podría asumir que este tema era de su predilección porque se trataba de contrarios: la mujer vencedora frente al hombre, el pueblo de Israel contra los invencibles asirios, finalmente el triunfo del débil sobre el poderoso.

Se afirma que el dolor reflejado en este cuadro es obra directa de lo que ella sentía después de largos meses de tristeza y decepción por el juicio hacia Tassi.

 

La escena nos muestra en primer plano a Judith decapitando a Holofernes, con la ayuda de su criada. En representaciones anteriores, la criada nunca participaba directamente en la acción. En cambio, en la versión de Gentileschi, el personaje de la criada es una pieza clave en el asesinato. Se le observa como una mujer joven y fuerte que no tiene reparo en ayudar a su ama.

La composición de Judith y Holofernes es triangular, siendo los vértices de este triángulo las miradas de los tres personajes y consideramos la mirada de Holofernes como el eje central.

Las expresiones de Judith y su criada podrían leerse como calmadas, a comparación de la expresión de dolor y sufrimiento que nos genera Holofernes.

Pero lo que no podemos dejar de señalar es la rabia que se siente al observar el personaje de Judith.

Los personajes son representados de manera contemporánea, sin necesariamente encajar en un estereotipo de belleza.

Se suele comentar que en las pinturas de Artemisia, los rasgos faciales de las hermosas y expresivas heroínas que retrata tienen un rostro parecido al que aparece en sus autorretratos.

Otra característica interesante de la obra es cómo la escena es captada como si fuera una fotografía. Pensamos en la acción que se está efectuando como parte de una escena general que abarca más información que tan sólo ese momento. Esto nos lleva a pensar que el barroco es, efectivamente, caracterizado por ser un período con una tendencia y una búsqueda del realismo que se consigue con lo teatral y efectista.

 

En la composición podemos observar que las figuras no se encuentran iluminadas por igual, si no que se encuentran fusionadas en un conjunto iluminado por una sola luz (en este caso fuera del cuadro) que entendemos que viene desde la izquierda y se prolonga a la parte derecha, la cual revela algunas partes y oscurece otras. Los contornos se llegan a perder en las sombras.

Gracias a Wölfflin, podemos apreciar esta idea de forma abierta de la pintura barroca. Las diagonales tajantes contrastan con las horizontales y vertical del marco del cuadro. Estas diagonales parecen prolongarse fuera de la composición, la cual a su vez se ve cortada, dejando fuera algunos elementos como la pierna izquierda de Holofernes. Por eso podemos entender que existe un espacio más allá del mismo espacio del cuadro, como si la escena en sí fuera ilimitada.

La composición es dinámica y sugiere movimiento.

La unidad de este cuadro es contundente y se logra gracias al claroscuro. Es como si ninguna pieza ni personaje de la composición pudiera aislarse.

 

La influencia de Caravaggio es incuestionable y se llega a pensar que Gentileschi se basó directamente en la versión de Judith y Holofernes del pintor tenebrista. La iluminación, las expresiones realistas, la lectura diagonal de la composición y la sangre son similares a la obra de Caravaggio. El cuadro evoca la crudeza de la decapitación. Pero existe una gran diferencia en la actitud de las mujeres. Mientras que Caravaggio representa a Judith con una expresión temerosa, en el cuadro de Artemisia, la expresión de Judith es fuerte y, de alguna manera, serena. Como si no tuviera reparo en lo macabro de sus acciones. De igual manera la criada, con un semblante de resignada colaboración.

 

Lo interesante de este cuadro y su relación a la exposición final es que Judith es símbolo de Israel en el exilio y a la vez, Artemisia Gentileschi pinta este cuadro en lo que podríamos llamar un autoexilio, para recuperar su honor como dama. Judith decapita a Holofernes es una especie de catarsis tras una época difícil de su vida. Se podría pensar que la pintora busca una clase de purificación mental y emocional retratando con violencia esta escena bíblica y a la vez trata de encontrar su lugar en un mundo artístico y académico liderado por hombres. Para Artemisia, todo viaje fue inspiración y aprendizaje continuo para su genio creativo, incluso aquellos que tuvo que hacer forzada por las circunstancias.

 

Artemisia Gentileschi es ahora reconocida no sólo como una gran pintora, sino como excepción en una sociedad, la barroca, en la que la mujer estaba completamente subordinada a la voluntad masculina. Fue una artista que se movió libremente gracias a su personalidad, talento, fuerza y la calidad de sus obras con un sello personal único, contradiciendo directamente la idea del “sexo débil”. Tuvo que resistir la “actitud tradicional y sumisión psicológica a este lavado de cerebro y los celos de su evidente talento” (Bissell, 113). Al hacerlo, se ganó un gran respeto y reconocimiento por su trabajo.

Alabada y juzgada por la opinión crítica, Artemisia fue una luchadora del empoderamiento femenino, lo cual la convierte en una de las heroínas clásicas para las feministas actuales.

 

Bibliografía

BISSELL, R. Ward. Artemisia Gentileschi and the Authority of Art. Penn State Press: 2001
GARRARD, Mary D. Artemisia Gentileschi. Princeton University Press: 1991
GARRARD, Mary D. Artemisia Gentileschi around 1622: The Shaping and Reshaping of an Artistic Identit., University of California Press: 2001
CHRISTIANSEN, Keith and Judith W. Mann, eds. Orazio and Artemisia Gentileschi. Exh. cat., Metropolitan Museum of Art. New Haven and London: 2001
CHRISTIANSEN, Keith. “Becoming Artemisia: Afterthoughts on the Gentileschi Exhibition.” Metropolitan Museum Journal 39 (2004): 101–126
MANN, Judith. Artemisia Gentileschi: Taking Stock. Brepols Publishers: 2006
VREELAND, Susan. The Passion of Artemisia. Headline Review: 2002
LAPIERRE, Alexandra. Artemisia: The Story of a Battle for Greatness. Vintage: 2001

RABB, Theodore K. Renaissance Lives: Portraits of an Age. Pantheon Books: 1993

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